viernes, 30 de diciembre de 2011

TRASTORNOS LITERARIOS EN BABELIA, HOY

REPORTAJE: LIBROS
ANA RODRÍGUEZ FISCHER firma hoy en Babelia un artículo en que habla de TRASTORNOS LITERARIOS. Desde aquí, muchas gracias por sus palabras y su lectura. Menudo fin de año me ha regalado. 
Feliz fin de año a todas y a todos.


Entre cuentos

ANA RODRÍGUEZ FISCHER 30/12/2011. Babelia. El País.

Autores como Antonio Muñoz Molina, Juan José Millás, Juan Eduardo Zúñiga o Manuel Rivas recopilan su narrativa breve
Debe celebrarse la publicación de los Cuentos completos, de Ramón Gil Novales (Huesca, 1928), libro que llena un injustificado hueco de nuestra narrativa del Medio Siglo, a cuya generación (la de los 50 o de los niños de la guerra) pertenece el autor. Tres libros editados con anterioridad y otro inédito (El sueño y la arboleda) pautan la trayectoria de un autor atento en los primeros relatos (Preguntan por ti, 1974) a rescatar sucesos cotidianos, incidencias menudas, actos aparentemente triviales, protagonizados por gentes sencillas, de la intrahistoria española, cuyo perfil se agiganta por la certeza en la ejecución del detalle y porque las escuchamos directamente (en monólogos, diálogos, una carta), dada la pericia de Gil Novales (que cuenta con una notable obra dramática) para modular y conjugar unas voces que no sólo cuentan sino que también filtran el fondo personal, incluyendo el calado del acontecer en la psicología y la moral de los personajes. Esa veta más íntima va creciendo en los relatos posteriores(El sabor del viento, 1988), más ensimismados por lo general, centrados en evocaciones de lo dejado atrás (espacios -una carretera o un apeadero que fue vivero de fantasías- o personas), o desplegándose hacia el ensueño. Son cuentos de marcado acento existencial, que afrontan la muerte (y sus múltiples formas o maneras de llegar, incluida la muerte en vida de los seres más vulnerables y solos) y el tiempo, la atonía del vivir, la melancolía, el destino o su presentimiento. Todos son relatos de una intensidad extrema, maravillosa y hermosamente humanos.
'Cuentos completos', de Ramón Gil Novales, llena un injustificado hueco de nuestra narrativa del Medio Siglo
Igual júbilo produce ver rescatada en un volumen la impar Trilogía de la guerra civil, de Juan Eduardo Zúñiga, y volver a percibir la fuerza de las imágenes que operan en el corazón mismo de algún relato o la extraordinaria eficacia del lenguaje.
Con Un millón de vacas (1990), Manuel Rivas lograba "convertir la cotidianeidad en emoción", según diagnosticó Basilio Losada (su traductor al castellano) en el breve prólogo que acompañaba aquel libro de poemas y relatos que captaban instantes del vivir, mínimas historias de inusual intensidad, lírica o dramática, animado retablo de una Galicia de la que seguían marchando gentes o adonde otros regresaban para "modernizarla", y donde las más buscaban su lugar: niños, jóvenes, adultos y viejos que viven en el campo y en la ciudad: marineros, gigantones infantiles, madres adolescentes, políticos en campaña, ahorcados, pintores naíf, rockeros, contrabandistas... Un variopinto retablo que fue creciendo con las historias de ¿Qué me quieres, amor? (1996), Ella, maldita alma (1999), Las llamadas perdidas (2002) y más cuentos, algunos inéditos, reunidos ahora en Lo más extraño.Son historias que hablan de tragedias grandes o pequeñas, antiguos dramas, ensueños de amor y música, traiciones, enemistades, felices intuiciones, agravios, humillaciones, enamoramientos, fervor, miedos, soledad, fantasías, belleza o azar. Son historias a menudo trenzadas a partir del contraste entre ese mundo interior (sentimientos, ilusiones) y una realidad grosera y bronca, absurda y violenta; o a partir de un encuentro fortuito (el del niño que juega al fútbol y la mendiga Mely, el del policía y la viejecilla con manía persecutoria), un recuerdo (la primera vez que el exmarinero en terapia alcohólica oyó llorar a su madre) o los gestos y el silencio que remata 'La llegada de Ingrid', donde la risa ante el absurdo (cruel) y la perplejidad de la niña que recibe una muñeca habladora (sólo que lo hace en alemán, regalo de su padre emigrado) se congela en el símil final de los cristales rotos. Hay más muestras de humor en este libro: en el divertido remake de La Regenta, por ejemplo. Y hay infinidad de sorpresas que llegan de la continua sobreposición de estas historias respecto de la realidad y de los infinitos detalles que laten más al fondo y que de repente afloran de paso: así, cuando el niño descubre que Mely "tenía los mismos ojos que aquella maestra que se había vuelto loca y que lloraba al pegar"; o cuando de Rodolfo se nos dice que recortaba los setos "con la precisión del barbero Naia, que antes del corte de pelo dibujaba un croquis de la patilla: te voy a hacer un 2×5×3, estilo Tom Jones".
De Antonio Muñoz Molina se recupera Nada del otro mundo (1993), al que se añaden el mordaz 'Apuntes para un Informe sobre la Brigada de la Realidad' y 'El miedo de los niños', donde regresamos a la Mágina de mediados de los sesenta que enmarcaba El viento de la Luna (2006) y la que ahora transitan el temeroso Esteban y el fantasioso Bernardo, que combaten la rutina diaria, el aburrimiento y el tiempo con historias de terror (en las que percibo un cierto homenaje a las aventis de Juan Marsé) forjadas sobre una realidad que años más tarde se revelará mucho más turbia y peligrosa de lo que desearon o imaginaron los chiquillos.
También Julio Llamazares (Vegamián, 1955) recobra en El valor del agua una historia ligada a la tierra que perdió -"un pueblo de montaña, pequeño pero bonito", sepultado por un embalse-: la del abuelo que vegeta en la ciudad y mientras cuida de su nieto pequeño lo distrae con cuentos que fueron verdad y al que antes de morir le entrega "el secreto que tan celosamente había guardado durante años".
Un paisaje, la sierra turolense del Maestrazgo, y un personaje afantasmado, el fotógrafo Patricio Julve, enmarcan las apasionadas y trágicas historias que Antón Castro (A Coruña, 1959) reúne en El testamento de amor de Patricio Julve, y que se remontan a los tiempos de las guerras carlistas -con los amores del general Cabrera y Margarita Urbino- y llega hasta 1994, cuando Ken Loach rueda allí Tierra y Libertad, deteniéndose en otros puntos intermedios de la Historia para contar lo que sucede con la llegada de una caravana circense de zíngaros o la muy becqueriana historia del artista Carlos Villalba en su persecución de la mujer ideal.
Trastornos literarios es un prodigioso haz de microrrelatos. Porque, a diferencia de lo que tan a menudo ocurre con este subgénero tan de moda (engordado con textos fallidos, ocurrencias insípidas, ombliguismos sin sustancia, edulcoraciones falsamente líricas y superfluidades varias), Flavia Company ha tenido, entre otros aciertos, el valor, la voluntad, el ingenio, la energía, el humor y la invención necesarios para forjar un conjunto de relatos breves (muchos, desternillantes) sobre el lenguaje y sus trampas y enveses. Y también sobre su maravilla. La sección 'Trastornos literarios' es un desarrollo o ejecución narrativa de figuras de dicción, retóricas, gramaticales o tropos; la ilustración, por vía del relato, de una hipérbole (el abuelo que cuenta sus batallitas), la epanadiplosis ('Capicúa'), la batología, los barbarismos (no he conseguido sacar el agua clara... de golpe y vuelta... intento hacer los ojos grandes...), el hipérbaton (magnífico este 'Cabeza sin'), y así hasta los 44 que componen este transgresor y ejemplar compendio de retórica (quizá más útil que ciertos manuales). Otra sección la dedica Flavia Company a las 'Frases (muy) hechas'; ya saben: abrigar esperanzas, oír llover, partir peras, quedarse en blanco, ver las estrellas... y demás perlas. Y por último, una muestra del absurdo, la injusticia, el ridículo o la crueldad de lo real, extraída de los titulares de los periódicos: "Un tenor pierde la voz y le sustituye uno del público", "la NASA desmiente que haya hecho pruebas sexuales en el espacio", "dos hermanos piden permiso para congelar a su madre muerta", "absuelto por sonambulismo un hombre que se metió en la cama de una vecina". En resumen: un libro "de obligada lectura", aunque hayamos de "robarle horas al sueño".
Uno de estos días, leí en este diario la columna 'Ironías', de Juan José Millás (Valencia, 1946), que empieza así: "Entre parado y preparado no hay más que un prefijo, distancia que, si nunca fue excesiva, con la crisis se ha reducido hasta extremos insoportables". Y volvía a sorprenderme la agudeza y la imaginación de un autor que en sus Articuentos completos conjuga voz y mirada para iluminar los múltiples repliegues de la realidad.
Con ánimo de prolongar y/o actualizar las propuestas de anteriores antologías de nuevos escritores latinoamericanos -McOndo, 1996; Líneas aéreas, 1997; Se habla español,2000-, Diego Trilles Paz reúne en El futuro no es nuestro 20 relatos de autores nacidos entre 1970 y 1980, que aportasen alguna diferencia específica respecto de las anteriores promociones y cuyos textos negasen que el futuro les pertenece a los más jóvenes. Algunos ya fueron editados en España -Giovanna Rivero, Tryno Maldonado y Ena Lucía Portela- y otros han obtenido aquí prestigiosos premios -A. Ungar, J. G. Vásquez, S. Rocangliolo-. Del resto, muchos merecerían igual fortuna, si bien destacaré que me han sorprendido especialmente tres escritoras: Andrea Jeftanovic (Chile, 1970) por su poderoso lenguaje, con ecos dostoievskianos, y su capacidad de ahondar en las zonas turbias de la mente al abordar el incesto; Lina Meruane (Chile, 1970), que con expresión precisa y descarnada trata otro tema casi tabú: la perversidad y la violencia entre amigas colegialas; Yolanda Arroyo Pizarro (Puerto Rico, 1970) que logra convertir una violación en una escena espeluznante a partir de un tratamiento estrictamente literario en el que la alegoría y la duplicación agigantan la sordidez del hecho y del escenario. Asimismo, Daniel Alarcón (Lima, 1977), que aun tratando de un tema más conocido (el terrorismo de Sendero Luminoso) lo hace desde la interioridad del personaje y resuelve el relato en una escena soberbia, de extrema tensión expresiva. Y Carlos Wynter Melo (Panamá, 1970), con otro relato de planos interiores que enfoca a un boxeador cuando descubre la identidad del rostro de la pesadilla y decide abandonar su carrera boxística.
Bibliografía
Cuentos completos. Ramón Gil Novales. Edición de José Domingo Dueñas. Prensas Universitarias de Zaragoza-Instituto de Estudios Altozaragozanos. Zaragoza, 2011. 319 páginas. 16 euros.
La trilogía de la Guerra Civil (Largo noviembre de Madrid, Capital de la gloria y La tierra sera un paraíso). Juan Eduardo Zúñiga. Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2011. 416 páginas. 21 euros.
Lo más extraño. Manuel Rivas. Alfaguara. Madrid, 2011. 528 páginas. 22 euros (electrónico: 9,99).
Nada del otro mundo. Antonio Muñoz Molina. Seix Barral. Barcelona, 2011. 317 páginas. 18 euros (electrónico: 12,99).
El valor del agua. Julio Llamazares. Ilustraciones de Antonio Santos. Los Cuatro Azules. Madrid, 2011. 50 páginas. 12 euros.
El testamento de amor de Patricio Julve. Antón Castro. Xordica. Zaragoza, 2011. 202 páginas. 16,95 euros.
Trastornos literarios. Flavia Company. Páginas de Espuma. Madrid, 2011. 285 páginas. 19 euros.
Articuentos completos. Juan José Millás. Seix Barral. Barcelona, 2011. 957 páginas. 27 euros (electrónico: 18,99).
El futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana. Diego Trilles Paz (editor). Eterna Cadencia. Buenos Aires, 2011. 270 páginas. 21 euros.

2 comentarios:

s(alvaje) dijo...

¡Olé! Esto sí que es un regalo de Año Nuevo...qué reseña!! Feliz año, por cierto...muuuuuuuuuuuuuuuuak

Flavia Company dijo...

s(alvaje):
Feliz año para ti también!!!!!!! Besotes!!!!!!!!!!!!