lunes, 29 de septiembre de 2008

LOS ENCUENTROS DE VERINES

He estado estos días pasados en los Encuentros de Verines. En Asturias.
Se trata de un encierro. Hace 24 años que se celebra. A mí me han invitado, con ésta, a tres ediciones. El asunto está subvencionado por el Ministerio de Cultura y la Universidad de Salamanca, y dirigido por el crítico, escritor y profesor Luis García Jambrina, quien por cierto a punto está de publicar una novela en Alfaguara de la que ya os hablaré.

Explico lo del encierro: Los invitados son personas pertenecientes al medio literario, ya sean creadores o críticos. Se los lleva a un lugar apartado en donde se les da de comer y de dormir. Un lugar apartado que es un privilegio y que os recomiendo encarecidamente: El Mirador de la Franca (http://www.hotelmirador.com/hlafranca/), situado en una cala maravillosa. Durante un par de días, se tiene a los profesionales debatiendo, a puerta cerrada, asuntos de interés, ya sea el estado del cuento en España, el trasvase entre la literatura latinoamericana y la española o, como este año, la relación entre cine y literatura.

Justamente porque se trataba de cine y literatura no sólo se ha invitado a literatos, sino también a cineastas. Y como no podía ser de otro modo, la cosa ha sido distinta pero igualmente interesante y entretenida. Entre los escritores, estaban, entre otros, las poetas Ana Martín Puigpelat y Beatriz Russo, los narradores Manuel Vilas, Alfredo Conde, Fernando Marías, Jon Kortazar, Suso de Toro y Juan Francisco Ferré. Entre los cineastas, Cuerda, Gutiérrez Aragón, David Trueba, Aitzol Aramaio, Jaime Chávarri, Toni Verdaguer, Carlos Benpar, Antón Reixa, José Luis García Sánchez o Ángeles González Sinde.

Estaban luego los narradores que hacían piña con los cineastas, que eran Manuel Vicent y Susana Fortes.

La de este año ha sido una experiencia muy interesante. Me ha gustado oír hablar de los problemas a los que se enfrentan productores y directores cuando se deciden a la adaptación de una novela, por ejemplo. O el reto de convertir un novelón en una película de hora y media -y tiene que ser de hora y media principalmente por tres razones: 1) El presupuesto; 2) Permite que las salas den las cuatro sesiones de marras; 3) La película acaba dentro del horario laboral de los acomodadores y taquilleros, con lo cual no hay que desembolsar horas extra. Así de prosaico. Me ha gustado oír hablar de novelas cinematográficas y de películas literarias.
He conocido a gente muy divertida y a gente entrañable. Y le he visto las entrañas a gente famosa. En fin, muy edificante.

No quiero acabar esta entrada sin contar una anécdota sobre Manuel Vicent que interesará sin duda a sus lectores o a los que tenían intención de convertirse en uno de ellos.
Transcribo un diálogo de manera textual:

Susana Fortes: ¿Y cómo se llama tu barco?

Manuel Vicent: Bueno, verás, no lleva un nombre que le haya puesto yo. Se lo compré a un carnicero, y en fin, se llama Anaconda.

Flavia: Pues qué mala suerte, jajajaja. Yo tuve mejor fortuna. Al mío le habían puesto Proteo.

Manuel Vicent: Eso es demasiado.

Flavia: Hombre, según cómo se mire. A fin de cuentas era un dios, pero no era más que un pastor de focas.

Manuel Vicent (dirigiéndose a García Sánchez, Fortes, Chávarri y otros): Siempre pasa lo mismo. Los ricos les ponen a sus espléndidas fincas nombre como "Nidito"o "Rincón", y los pobres, a sus mierdas, les ponen nombres como Argos, Tetis o Proteo.

No deja una nunca de aprender cosas. Vivir para ver. Y para oír, claro.

martes, 23 de septiembre de 2008

SABALA



No os podéis perder la exposición de Sabala en la galería María José Castellví.
Un delirio de colores, un mar de sentidos, una montaña de ironías, un volcán de sarcasmos, un terremoto.
Armas de mujer. Hasta el 27 de octubre. Insisto: No os la perdáis.

EL MEJOR MICRORRELATO




"...el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida."


García Márquez

jueves, 18 de septiembre de 2008

LENGUAJE MARINERO

La foto es de Pablo Avanzini.


Una de las cosas que más me fascina de los barcos -cuando digo barcos me refiero a los de vela-, es el lenguaje empleado.

Hay un microrrelato de Ana María Shua que no tiene desperdicio. Os lo copio a continuación, después de poner un puntito sobre una i. La autora emplea el verbo "orzar", pero cabría apuntar un matiz. Orzar quiere decir disminuir el ángulo que forma el rumbo del barco con respecto al viento, sin aproarse. Ceñir.
O sea, que no se puede ordenar que tal cosa se haga a estribor o a babor, porque eso dependerá siempre de dónde esté el viento, y el viento puede venir de cualquiera de las dos bandas.

El microrrelato es muy divertido. De la misma autora podéis encontrar su último libro de microrrelatos, publicado por Páginas de espuma y titulado "Temporada de fantasmas".

El cuento:

¡ARRIAD EL FOQUE!

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique.

martes, 16 de septiembre de 2008

NAVEGAR Y LEER A CONRAD











Estas fotos marineras para acompañar la recomendación de la lectura del breve y exquisito "El copartícipe secreto", del navegante Joseph Conrad, publicado por Atalanta.
Continuará.

martes, 9 de septiembre de 2008

FIN DEL JUEGO. FRASES (MUY) HECHAS. CON LA V. VER LAS ESTRELLAS


















Botavara nos regala estrellas de mar.
Miss Totem nos hipnotiza con una espiral.
Paola ve cuatro estrellas en una.
Virginia muestra el dolor que hace ver estrellas que ni son ni están.
Y Maiprou ofrece muchas aproximaciones al tema con imágenes varias.
Con esta Frase (muy) hecha acabamos el diccionario de este juego. Muchas gracias a todos y a todas por participar, ya sea con imágenes ya sea con comentarios. Un lujo teneros por aquí.
Copio, como siempre, el texto que escribí a raíz de la Frase (muy) hecha.
Y seguimos por aquí, con otras cosas, en días venideros.
VER LAS ESTRELLAS
Pasó a buscarme por casa, a las nueve en punto. Iba vestida con una blusa ligera, transparente, y una falda corta de lo más sugestiva. Hacía un calor asfixiante. Yo, aunque las odiaba, me había puesto las bermudas color café y una camisa de algodón. Nos besamos sin parar durante varios minutos en cuanto me subí al coche. Creí que nos lo montábamos allí mismo. Pero no. La idea era llegar a la playa y celebrar de una manera romántica nuestro primer aniversario de noviazgo apasionado. Con cava, copas de cristal y fresas. Carlota conducía tranquila, como si no tuviéramos prisa. La espera hace que el deseo resulte doloroso y yo ya estaba hecho polvo. Pero al fin llegamos. Allí estaba la mar y la arena y la orilla y la noche en la que esconder nuestra intimidad al aire libre. "¡Qué gusto!", dijo ella. "¡Desde luego!", respondí yo mientras, una vez descalzos, caminábamos hacia el agua cargados con la neverita con su cava, las copas, la lona, las velas, las fresas y los condones. Extendí la lona sobre la arena tan deprisa como pude. Entonces Carlota se sentó y, cuando yo ya estaba a punto de caer sobre ella, exclamó: "¡No! ¡No! ¡Quieto ahí! Primero el cava. Coge las copas." Armado de paciencia y de una copa por mano, esperé a que cogiera la neverita, sacara todo lo necesario y, finalmente, se dispusiera a descorchar la botella. Debíamos seguir paso por paso el rito de la celebración. En el fondo, me hacía gracia ese empeño suyo en adornar lo de siempre. El estallido del tapón al salir y el impacto certero y casi mortal que recibí por sorpresa en la entrepierna fue todo uno. Sentí un profundo mareo y me desplomé cuan largo soy, boca arriba, con los ojos bien abiertos. Lo sé porque lo que más recuerdo de aquella noche es justo aquel instante en que vi las estrellas. Todas. De ahí.

jueves, 4 de septiembre de 2008

UN JUEGO. FRASES (MUY) HECHAS. CON LA V. VENDERSE EL ALMA AL DIABLO


















Lo de venderse el alma al diablo está muy al día, así que no nos han faltado imágenes.
Las cinco primeras las envía maiprou; la verdad es que no tienen desperdicio y dan unas cuantas variantes del asunto.
La de botavara ilustra la frase con una reconocida cara blanca -¿o negra?-
Ya sólo queda una frase (muy) hecha por ilustrar: Os pido imágenes para "VER LAS ESTRELLAS". Con tan romántica expresión daremos por acabado el diccionario de frases (muy) hechas y pasaremos a otra cosa.
Os dejo aquí copiado, claro, el texto que nació a partir de:
VENDERSE EL ALMA AL DIABLO
"Llevo cientos de años esperándote", dijo el Diablo sin dejar de admirar, precisamente, la obra de la Creadora que tenía delante. "No quería venir. Eso es todo", contestó ella. "Has tardado demasiado", la miró el Diablo mientras soltaba una carcajada; luego añadió, a la vez que señalaba la obra con mano trémula: "Es magnífica." La Creadora le dio las gracias y confesó: "Te necesito". El Diablo la miró a los ojos: "Bueno, ya sabías cuál era el precio de mis servicios. Ahora, por fin, has descubierto el tuyo". La Creadora no disimuló la amargura desconcertante que le producía su resolución: "Te has salido con la tuya: quiero éxito, fama y dinero". El Diablo no se hizo esperar: "¿Con la mía? ¿Eso crees? En fin, sea como fuere, ya te he dicho que has tardado demasiado tiempo en ceder; pides demasiado. Deberás elegir". El suspiro de la Creadora avivó el fuego que los rodeaba: "Dinero, entonces". El Diablo respiró hondo, satisfecho de sí mismo, se golpeó los muslos con ambas manos, se levantó de un salto y carraspeó antes de decir: "Dinero, por supuesto. ¡De acuerdo! Tendrás lo que anhelas. Pero debes jurar que crearás solo lo que yo te diga, como yo te diga, cuando yo te diga". Ella tragó en silencio y con el silencio mostró su conformidad. Antes de retirarse, el Diablo, sarcástico, cáustico, dijo: "Hay algo que me entristece. ¿Sabes qué es? La certeza de que ya nunca ninguna obra tuya volverá a conmoverme ni a indignarme ni a sorprenderme. Al fin sabré lo que es sentirse solo". Con una mueca de crispación, la Creadora elevó la voz para que el Diablo, que ya se alejaba, oyera sus últimas palabras en ese infierno: "Tal vez tú mismo puedas crear, ahora que te he vendido el alma. ¿Acaso no era para eso, que la querías?" No hubo respuesta. De ahí.

lunes, 1 de septiembre de 2008

UN JUEGO. FRASES (MUY) HECHAS. CON LA U. UNTARLE LAS MANOS A ALGUIEN

















Después de untarnos las manos con cremas protectoras, bigotes de langostinos y sudores varios, vamos terminando el verano y regresando a la cotidiana cuestión de vivir cada día.
Botavara envía unas manos alfareras bien untadas.
Y Maiprou nos regala varias imágenes a cual más sugerente. La de la tele, un hallazgo. Las manos sanguinolentas de la muchacha, impactantes. Qué decir del dibujito animado. O de las personas cual títeres. Estupendas.
Gracias por ilustrar la Frase (muy) hecha.
La siguiente para la que os pido imagen es: "VENDERSE EL ALMA AL DIABLO".
Aquí os dejo copia del texto que nació para contar la historia de:
UNTARLE LAS MANOS A ALGUIEN
¡Albricias! Había conseguido, al fin -después de infinitas estrategias nacidas para fracasar-, llevarla a su casa. Sabía que tenía que acercarse con tacto, con parsimonia. No podía permitirse el lujo de herir ni siquiera mínimamente su sensibilidad o todo estaría perdido. Debía comenzar la aproximación como si se tratara de un juego casual, casi involuntario. Pero una vez la tuvo allí, sentada a su lado en el sofá, asistía con desesperación al paso implacable del tiempo sin que se le ocurriera nada.
De pronto, se fijó en lo que tenían justo delante, en la mesita: el té, las tostadas, la mantequilla, la mermelada. Sin pensárselo dos veces le cogió la mano con toda delicadeza, la colocó con la palma hacia arriba, sin dejar de sonreírle, con naturalidad, y, sin preámbulo alguno, lo utilizó para irle cubriendo la mano de mermelada de fresa. En cuanto estuvo envuelta por la confitutra como si de un guante se tratara, empezó a lamérsela poco a poco, primero los dedos y después los nudillos, todo, hasta dejarla limpia por completo.
A continuación le regaló los oídos con los halagos más bellos del mundo, mientras pensaba lo que había que hacer en esta vida para alcanzar el bien deseado. Ella se dejaba hacer, con una actitud entre ausente y digna, lejos de la sorpresa o el escándalo. Acto seguido tomó de nuevo el cuchillito, lo hundió sin dificultad en la mermelada de naranja y, como antes, fue tapando con ellas la otra mano, todo los rincones, los huecos, los recodos. Y repitió exactamente la misma operación, lametones y lisonjas incluidos. Ella, fascinada, al fin aceptó lo que llevaba proponiéndole los últimos diez años aunque, desde luego, con una condición: que de vez en cuando volviera a untarle las manos. De ahí.