




Como se ve, "Tener algo en la punta de la lengua" ha dado mucho juego, y aquí colgamos las diversas imágenes que nos mandan Botavara -con esa lengua que abre lo que se le ponga en la punta-, Rafa -que encontró una paloma (¡gaviota, gaviota, queríamos decir!; gracias, fblack) cuya lengua se halla interesada en la cabeza entera de un cadavercillo-, y Maiprou, que envía las variaciones lengua con imágenes sobre las que se puede pensar un buen rato -si así se desea-.
El diccionario está llegando a su final, de modo que ya solo os pido un esfuerzo último e "imaginístico", para las siguientes Frases (muy) hechas:
Tirar la casa por la ventana
Untarle las manos a alguien
Venderse el alma al diablo
y
Ver las estrellas
Y como ya es de esperar, aquí dejo el texto al que dio lugar la que hoy habéis ilustrado. Gracias de nuevo por vuestra participación.
TENER ALGO EN LA PUNTA DE LA LENGUA
Los nervios no la dejaban pensar, y llevaba más de dos horas delante del espejo. Se fue con lo que llevaba puesto a la hora límite. Llegaría, como mínimo, media hora tarde, pero seguro que Víctor disimulaba su enfado, porque aquélla era la primera cita en serio: si alguien queda un sábado por la noche para cenar, ya sabe a qué va. Y era sábado. Y era por la noche. Y habían quedado para cenar.
Silvia entró azorada en el restaurante y vio a Víctor acodado en la barra. Se saludaron sin besarse para evitar la duda entre las mejillas o los labios, y siguieron al camarero hasta la mesita que tenían reservada. Pidieron un primero para compartir y, después, Víctor quiso carne y ella pescado. Un pescado que no habría pedido de saber las infinitas espinas de las que iba acompañado. Cuando estaban acabando con los segundos, Víctor levantó la copa y brindó: "Por ti, por esta noche que, espero, será la primera de muchas otras noches juntos." Ella, feliz, levantó la copa y se apresuró a acabar con el trozo de pescado que tenía en la boca, con tan mala suerte que notó cómo se le clavaba una espina y cómo, ante el gesto expectante de Víctor, ella era incapaz de responder una sola palabra, angustiada como estaba por la posibilidad de tragarse aquella espina traidora que amenazaba con aguar la velada. Avergonzada por su conducta, pero aguijoneada por la necesidad, Silvia sacó la lengua y, con la mano que le quedaba libre, se la señaló con ademanes expresivos ante un Víctor perplejo que no entendía nada. Finalmente, se acercó un camarero y, con discreción, le dijo a Víctor en voz baja que, sin duda alguna, la señora debía de tener algo en la punta de la lengua. De ahí."



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