
FOTOS ENCONTRADAS. Más de una y más de dos me habéis comentado que cuesta enviar fotos "propias", de modo que se abre la veda: "Se valen" fotos encontradas en internet. Siempre y cuando se citen las páginas donde se encontraron.
Este es el caso de la primera foto que tenemos hoy para ilustrar "Hundírsele el mundo a alguien". La envía Esther, y la sacó de http://www.artespain.com/2007/10/page/5 . Gran foto, gran imagen, sin duda.
Y la que hay a la derecha la manda Carmen Moreno, contándonos lo siguiente sobre ella: "Es parte de los restos del Cádiz sumergido. Vamos que, en este caso, el hundimiento del mundo fue literal. Pasó allá por 1773, durante el terremoto que asoló Lisboa y que trajo hasta nuestras costas un Tsunami que casi nos elimina del orden universal". Muchas gracias, Carmen. Este diccionario ya tiene mucho que agradecerle.
La siguiente Frase (muy) hecha para la que os pido imagen es: "ÍRSELE LA MANO A ALGUIEN". A ver si ahora que "se valen" las fotos de otros y de otras os animáis un poco más a colaborar. Hale, os copio:
Hundírsele el mundo a alguien
Jaime era un tipo de izquierdas de los de toda la vida. Había cumplido hacía poco los cuarenta y cinco con la conciencia bastante tranquila puesto que, a grandes rasgos, seguía siendo un auténtico progre. Su hija, África, le había contado con total desparpajo que ya era mujer. Y ante la cara de estupor que, según supuso, debió de poner, la niña aclaró: "Que me ha venido la regla, papá". De modo que, a los catorce años, su hija había pasado de niña a mujer y él, que no sabía cantar ni componer canciones con las que explicar su júbilo grande como una iglesia, se estuvo calentando la cabeza unos cuantos días a ver si se le ocurría algún regalo original. Por fin le pareció encontrrar algo tan simbólico como apropiado y lo compró con los ahorrilos que aquel mes tenía destinados al chocolate que Fernando había traído de abajo. Entró en una tienda alternativa y compró un globo terráqueo hinchable. Se fue a casa y esperó a que África volviera del instituto. En cuanto la hija cruzó la puerta, le propuso ir a dar un paseo por la orilla del río. Una vez allí, Jaime sacó de una bolsa de papel el globo aplastado y se puso a inflarlo. En cuanto fue esfera turgente lo dejó a los pies de la hija y, emocionado, esperó su reacción. África sonrió, cogió el globo con las dos manos y lo tiró al agua. Luego se volvió hacia el padre y comentó con complicidad: "La representación perfecta es esta que muestra al mundo yendo a la deriva". "De tal palo tal astilla", pensó Jaime, orgulloso. Se quedaron observando cómo el mundo avanzaba llevado por la corriente cuando, sin previo aviso, empezó a sumergirse. "Creo que el mundo que acabas de regalarme se está hundiendo, papá. Debe de estar pinchado". De ahí.
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