jueves, 27 de diciembre de 2007

NOCHE DE REYES MAGOS


Se acerca.

Hace tiempo escribí algo sobre esos reyes en una novela titulada Melalcor.

Por cierto: ¿Les habéis enviado ya vuestra carta? Ojalá os traigan cosas de ésas importantes, de las que no pueden comprarse ni venderse.


El fragmento de la novela:


"Toda la gente que lo rodeaba tenía más protagonismo que su persona minúscula. La única consideración de importancia hacia su existencia se desvaneció con el conocimiento de la verdad sobre los reyes de Oriente. Fue como tragarse un sorbo de lejía. Nunca olvidaría aquellas horas:
Los progenitores habían salido. Habían ido a casa de la abuela Miquel para llevarle el pavo que teníamos que zamparnos aquellas fiestas. Mientras tanto yo, que acababa de cumplir siete años, me puse a jugar por casa con un coche a control remoto que me había regalado el hermano del señor Savalt. Mira por dónde, el coche de las narices fue a parar bajo la cama de los progenitores. No había nadie que pudiera ayudarme. Incluso el yayo había salido; se había escapado hacía un par de horas, y en aquel momento no me apetecía ir a buscarlo al agujero. Así que, como no conseguía sacar el coche con el mando a distancia, me agaché para cogerlo. Total, que veo un montón de paquetes envueltos con papel de regalo y un pensamiento absurdo me invadió la mente en contra o sin la intervención de mi voluntad, ya por entonces deteriorada: los reyes están aquí. ¡Miedo! ¡Miedo! Miré alrededor, preocupado, y me senté en la cama de los progenitores a pensar. No tuve que darle demasiadas vueltas al asunto.
Cuando los progenitores volvieron de casa de la abuela, no dije nada. Esperé con paciencia a que llegara el 6 de enero para ver si se confirmaban mis sospechas. Y sí. El papel de regalo era el mismo que yo había visto, y debajo de la cama de los progenitores ya no había nada. Conclusión: como los Reyes pasan de mí, los progenitores montan toda esta pantomima. Conclusión: ningún extraño se ocupa, ni se acuerda, ni sabe de mí. Conclusión: mi soledad en el mundo es un hecho. Aparte de la gente de este pueblo en donde vivo, no me conoce nadie.
En aquel momento empezó la angustia que nunca más me ha abandonado, y que se agravó notablemente el día en que llegué a la segunda conclusión terrible de mi vida: todos tenemos un precio.
Pero esto es harina de otro costal."

lunes, 24 de diciembre de 2007

NAVIDAD


Ya están aquí, descolgándose por las fachadas, bajando por las chimeneas y subidos a los automóviles. Luego, unos cuantos coletean, y siguen ahí fuera de temporada. Me inquietan casi tanto como los gnomos de jardín.

domingo, 23 de diciembre de 2007

DESDE SU LOCURA

UNO

La ventana la luz
mis hijos están bien
pregunto me duele
las manos corriendo
no vienen no vienen
nunca
la soledad
dibujemos sí para sí
no voy a llorar
ellos no quieren
después me atan
yo amé la libertad
ahora esto haber vivido
para que ocurra
una cuerda ahogándome
la muerte de todo
de todas las palabras
qué lejos.

DOS

Un pie tras otro dicen
eso no demuestra nada
yo estuve caminando toda la vida
y nunca llegué a la muerte
a la mía que era la única posible
cómo no se me iban a poner
este cráneo deforme estos ojos
las manos inútiles la pena
no vienen no van a volver
y si vuelven no voy a conocerlos
para qué de qué iba a servirme
un pie tras otro
no lleva a ninguna parte.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

MI REGALO DE NAVIDAD




Espero que comprendáis la ilusión que me hace que mi novela La mitad sombría, publicada el año pasado aquí por Sergio Gaspar en la editorial DVD, aparezca ahora en Brasil, publicada por André Resende en la editorial Cubzac, con traducción de Ana Lima Cecilio y foto de portada de Silvio Pinhatti. Un grupo de lujo para una autora feliz. Nada podía causarme tanta satisfacción como ver algún texto mío editado al otro lado del charco, el lado en que nací. Y quería compartirlo con vosotros. Y aquí está. Dejo la foto de portada y, a continuación, un link a una primera entrevista brasileña y un breve fragmento del inicio de la novela en portugués. En fin, disculpad por favor este ataque impúdico de felicidad.

¿Y vosotros? ¿Qué regalo deseáis recibir o recibiréis este año? ¿Qué regalo, si pudierais hacer el que quisierais, os gustaría hacer?

http://www.aparabolica.com.br/ametadesombria/entrevista.htm


1. Jacobo

Primeira cena

“Você trouxe o que eu te encomendei?”

Santo Deus, outra vez você esqueceu, prepare-se para o que desabar sobre você, mais que o mundo, uma chuva de pontapés, ou pior ainda, de novo um desprezo em forma de caretas e de discursos. Que você é um idiota, Jacobo, já foi dito, você é um inútil e o tem sido sempre.

“Que você é um otário, filho, eu já te disse. Saiu à sua mãe, não há nada que fazer. Como duas gotas d’água. Sorte da sua irmã – sorriso para a foto que reina na sala – ela que sabe, porra, ela sim que me entende, caralho, e como me escuta, pois as coisas vão bem, tal pai... – e apontava a si mesmo – e não?, veja, já encontrou trabalho, e não qualquer coisa, claro que não, um trabalho como deus manda e não essas bobagens que você gosta... Mas que familiazinha me coube, tem que se foder mesmo, e você? Que porra está olhando? - à sua mãe -, estou falando com meu filho, portanto saia! ainda não, melhor não, fica e escuta, que ao fim e ao cabo tudo é culpa sua, que você abobalhou o garoto com tanta viadagem, umas porradas a tempo é o que devia ter dado a ele... então duzentas! E cala a boca, não me responda, que se você o levou ao hospital com uma costela estropiada depois da última surra foi por culpa sua, porra, que me provoca, e além disso é um frouxo, puta que o pariu, quando eu tinha a sua idade já tinha levantado meu negócio...”

Agora vai falar da mãe e da avó, certeza, já se vê, você olha sua mãe e descobre que ela também sabe e espera.

“Já tinha levantado meu negócio para manter minha mãe e minha avó, sozinho, claro, porque o sacana do meu pai tinha ido embora com aquela piranha...”

Devia chupá-la como ninguém para ter ido embora com ela.

“Devia chupá-la como ninguém para ter ido embora com ela, aquela filha da puta, e isso é o que eu devia fazer, achar uma piranha e ir embora, que vocês já me deram no saco, não fosse por sua irmã... E olha só – ruído de chaves na porta, seu pai o cara olha no relógio - , aí está ela, pontual, como eu, como o pai dela, porra, como deve ser, que você, garanto que não é meu filho – olha para sua mãe -, vai saber de quem! Charo! – Chama a filha, que está tirando o casaco no saguão.

Menos mal que na cozinha sua mãe te abraça e assim você segura as lágrimas e não deixa que elas saiam; menos mal que sua mãe te acolhe na cozinha enquanto seu esposo o cara seu pai e a filha dele a cupincha dele sua irmã falam de igual para igual na sala, com cumplicidade, seguros de si, com risadas de sobra.
A você assombra que sua mãe não chore. Depois de te abraçar, pede ajuda com o pão, ou que você se sente enquanto ela termina de despelar os tomates, e logo prossegue com suas tarefas como se não houvesse nada, talvez pelo costume mas seguramente, também, porque não se surpreende, porque sabe que as coisas são assim, porque jamais lhe ocorre pensar que podem ou que poderiam mudar. Sua mãe parece adaptar-se ao mundo como o leite à forma do copo. A naturalidade de sua mãe te pasma. Traz os cabelos arrumados sob um grande lenço, para evitar que fique neles o cheiro das frituras. E um avental, que muda a cada dois ou três dias. As unhas impecavelmente pintadas de vermelho, grandes, como gosta o esposo dela o cara. Às vezes quebra alguma. E isso sim lhe dói. Põe nas unhas o coração.
Sua mãe sorri para você na cozinha, e você não consegue saber se ela o faz por você ou porque na verdade a resignação é uma forma, ainda que imperfeita, de felicidade.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

QUÉ ILUMINAMOS


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Me entristecen, me indignan, se me indigestan las luces de Navidad con su exceso, su consumismo ostentoso, su "me da lo mismo el resto del mundo y el medio ambiente y mientras yo pueda pagármelo... ande yo caliente y ríase la gente". (Y por cierto, que ya nadie nunca haga el ridículo apagando cinco minutos las luces de su casa y todo aparato eléctrico doméstico para ahorrar la energía del mundo. JUAJUAJUA).
Apaguemos las luces que adornan las calles. Apaguemos esa flagrante denuncia de nosotros mismos, de nuestra falta de empatía, de sensibilidad, de juicio.
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Me da vergüenza el ejército de compradores compulsivos que en estas fechas caminan como hormigas desorientadas bajo esos focos absurdos que, precisamente, iluminan tan sólo lo que queremos ver, lo que necesitamos ver mientras entramos tienda tras tienda a comprar objetos superfluos, innecesarios, ridículos. Mientras "vamos de compras", expresión tan distinta de "ir a comprar", como bien señaló Adela Cortina en su ensayo "Por una ética del consumo", sobre el que escribí el año pasado en el Periódico, justamente después de las fiestas navideñas -me gustaría que empezaran a llamarse ya de una vez por todas "fiestas de invierno"-, un artículo que os copio aquí y que volvería a firmar palabra por palabra:
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DIME LO QUE CONSUMES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES
Publicado en El Periódico de Cataluña. Enero de 2006 (creo; aprox).
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Para muestra, un botón: “El coste para proporcionar salud básica y nutrición a todos los habitantes del mundo que no pueden acceder a ellas en la actualidad es de trece mil millones de dólares anuales, mientras que el gasto anual en comida para animales domésticos en Estados Unidos es de diecisiete mil millones de dólares”, constata la obra de Adela Cortina citada más abajo.
Superada la resaca de los excesos de las compras navideñas, inmersos todavía en la vorágine de las rebajas y enfrentados al fin a la famosa cuesta de enero, tal vez sería éste un buen momento para reflexionar sobre ciertos hábitos de consumo y cuestionarlos, ya que estamos a principios de año y, como anuncia esperanzado el dicho, “año nuevo, vida nueva”.
¿Por qué consumimos tanto? ¿Por qué el mundo rico se empeña en ir de compras como si se tratara de una actividad lúdica y no en ir a comprar cuando así sea menester a causa de necesidades concretas –hambre, frío, enfermedad, entre otras- que deben solventarse? ¿Acaso resulta gratificante la adquisición de objetos que el mercado ofrece aun cuando éstos no nos hagan falta? ¿Nos hace felices comprar? ¿Somos libres cuando lo hacemos? ¿Elegimos o nos manipulan? ¿Puede nuestra conciencia estar tranquila cuando conoce el hecho de que mientras medio mundo consume más de lo que necesita el otro medio necesita mucho más de lo que consume?
En “Por una ética del consumo”, magnífico ensayo de Cortina publicado recientemente por Taurus, se ofrecen numerosas respuestas a estos temas. Leemos que una de las grandes responsables de nuestra conducta consumista es la necesidad de una identidad, individual y social, que el mercado ha sabido aprovechar.
Podríamos entonces formular el antiguo refrán “Dime con quién andas y te diré quién eres” de la siguiente manera: “Dime qué consumes y te diré quién eres”. La pertenencia a un grupo social exige, es verdad, la posesión de ciertos objetos o ventajas que, al mismo tiempo, implican conductas o hábitos. Se consume para parecerse a alguien, para superar a alguien, para demostrar el éxito, para pertenecer a una comunidad. Para ser alguien, en suma. ¿Tanto tienes tanto vales?
Consumir es inevitable, naturalmente. Es necesario para sobrevivir: precisamos alimentos, ropas, abrigo, lugar donde vivir, medio de transporte, etc. El meollo de la cuestión es precisamente lo que de veras necesitamos. ¿Dónde está el límite? ¿A qué correspondería un consumo ético, un consumo moralmente aceptable? ¿Qué es lo auténticamente necesario? No puede limitarse a lo estrictamente físico, claro está. Los seres humanos somos seres sociales que establecemos relaciones con los demás mediante el intercambio, el reconocimiento, la diversión, la cultura, la comunicación.
No son pocas las personas que han advertido de la necesidad de frenar el consumo descontrolado para preservar el planeta de la destrucción total y absoluta. El desarrollo sostenible –lo que la Tierra puede aguantar- pasa por cambiar nuestro estilo de vida y adoptar costumbres que respeten el medio ambiente, su equilibrio y la distribución justa de sus riquezas entre todos aquellos que la habitan y a quienes sin duda pertenecen por igual, incluidas las formas de vida no humanas. Tal vez deberíamos plantearnos que, para poder seguir viviendo bien, habría que vivir ya de un modo distinto, tendríamos que cuestionar nuestras necesidades y basar quizás parte de nuestra identidad, de nuestro éxito, en bienes que no se pueden comprar.
Lo que está claro es que hay que replantearse el asunto. No podemos seguir al ritmo al que vamos, que necesariamente provoca desigualdades insostenibles. Año nuevo, vida nueva: Que nos guíen la prudencia, la justicia y la sensatez.
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miércoles, 5 de diciembre de 2007

ALGO TE CAMBIA LA VIDA

Hay algunas cosas que te cambian la vida. Por ejemplo, una bici; un dos tres responda otra vez: Una bici. Y a mí me ha cambiado la vida mi bici, a la que he llamado Clarice -por la Lispector-, que me acompaña a todas partes desde que me la regaló mi amor. Qué acierto.
¿Y a vosotro/as? ¿Hay algo que os haya cambiado la vida últimamente? Un dos tres reponda otra vez: Una bici.